Nuevo año, nuevo tiempo

        Quiero comenzar este primer mensaje de 2015 deseando en primer lugar a todos los algecireños que el nuevo año traiga lo mejor para todos, en especial para las familias que más están sufriendo por culpa de esta durísima crisis, que ojalá podamos dejar atrás de una vez por todas.
        El inicio de un nuevo año viene tradicionalmente cargado de ilusiones, de expectativas y también de incertidumbres, más aún en estos momentos de dificultades que estamos atravesando. Todos deseamos que 2015 sea el año de la recuperación, pero de una recuperación de verdad, que no se quede en los números que nos vende el Gobierno, en la macroeconomía, en esas frías estadísticas que oímos en el telediario y que están tan lejanas de la realidad de la gente, de su día a día.
        Lo que los ciudadanos exigen a quienes nos dedicamos a la política, más que palabras, son hechos. Que trabajemos para resolver sus problemas, que protejamos sus derechos, que nos esforcemos para que todos tengan la oportunidad que se merecen y por la que están luchando: la oportunidad de trabajar, de formar una familia, de construir un futuro mejor para sus hijos, de perseguir sus metas y pelear por sus sueños.
         Lo que la gente nos pide, y con toda la razón, es un cambio. Un cambio en la manera de gestionar lo que es de todos: más cercana, más transparente y con tolerancia cero ante la corrupción o ante cualquiera que pretenda aprovecharse de lo público. Quieren una administración que sea útil de verdad, que ayude a las empresas, a los pequeños negocios, a los autónomos.         Exigen también unos gobernantes con más sensibilidad, que no permitan que los más débiles se queden en la cuneta mientras favorecen a los poderosos.
        En todos estos ámbitos –desde el fomento la cultura emprendedora hasta la asistencia social--, los ayuntamientos tienen un papel importantísimo, fundamental, porque son la administración más cercana a los ciudadanos, la primera puerta a la que acuden y la primera que tiene que estar abierta para ellos. Por esa razón las elecciones municipales del próximo 24 de mayo son tan importantes para ese cambio de rumbo que los algecireños, como todos los españoles, están deseando.
Ayuntamiento de Algeciras
        Y por eso muchas veces es difícil de comprender cómo algunos que se presentan a sí mismos como nuevos profetas de la revolución desprecian la labor de los ayuntamientos y de tantos concejales y concejalas que se esfuerzan todos los días por mejorar la vida de sus vecinos de tantas ciudades y pueblos de España. No entiendo, lo digo con sinceridad, que alguien que no es capaz de trabajar por su pueblo, donde viven sus vecinos más próximos, se presenten como salvadores de toda la nación. Ni que nadie pretenda asaltar nada menos que el cielo al tiempo que renuncia a trabajar en el ámbito más próximo a las necesidades de los ciudadanos. Yo personalmente me siento muy lejos de esa manera de entender la política. Pienso que la estrategia partidista, los cálculos electorales y el ansia por alcanzar el poder a toda costa no justifican dar la espalda a la gente precisamente allí donde la gente está más cerca y más lo necesita, en el ámbito local.
      Y por esa misma razón ni yo, y creo que tampoco muchos ciudadanos, podemos entender la Reforma Local aprobada por el Gobierno del PP, que supone un recorte drástico a los recursos de los ayuntamientos, a sus competencias y a su capacidad de ofrecer servicios sociales de calidad a los ciudadanos.
       Una ley, por cierto, aprobada con el voto a favor del alcalde de Algeciras, el diputado Landaluce, quien debería sonrojarse cuando presume de gasto social, cuando Algeciras está a la cola en España. En lugar de defender a los algecireños, Landaluce ha elegido proteger a Rajoy y respaldar con su voto, semana tras semana, unos recortes que están aplastando a tantas y tantas familias de esta ciudad. En lugar de proteger las libertades y derechos de los ciudadanos, Landaluce elige apoyar con su voto la Ley Mordaza, que representa un retroceso democrático sin precedentes en la historia reciente de nuestro país. En lugar de mejorar los servicios a los ciudadanos, Landaluce saca pecho de un superávit ficticio mientras la deuda de la ciudad continúa creciendo sin control. El alcalde, en definitiva, pone demasiado a menudo a Algeciras al final de su lista de prioridades.
     El próximo 24 de mayo, quienes elegirán serán los algecireños y algecireñas. Ellos tienen la oportunidad de abrir un nuevo tiempo. De que Algeciras sea la ciudad que desean y merecen. Esa ciudad que colaboran a construir día a día con su esfuerzo, con su talento, con su solidaridad y con su compromiso. Una ciudad que merece una mirada ambiciosa, abierta al resto de España, al Mediterráneo y el Atlántico y al mundo. Para eso estamos trabajando. Y estoy convencido e ilusionado de que, juntos, podemos conseguirlo.



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